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La tercera etapa es más difícil, debido a las subidas y pronunciadas bajadas, pero merece la pena teniendo en cuenta el paisaje que atraviesa pinares, donde se respira aire puro. El descenso desde Cabrum nos lleva a una aldea, donde no falta una fuente de agua pura y cristalina. Al cruzar un arroyo, entramos en el municipio de Castro Daire, en Mões, cuyos históricos edificios constituyen su tarjeta de visita, antes de que el recorrido vuelva a subir y, con la sierra de Montemuro —que se acerca como parte del camino—, como telón de fondo, finaliza el trayecto.